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La inteligencia artificial avanza, pero su transformación será más lenta de lo que promete

La expansión de la inteligencia artificial enfrenta límites laborales, energéticos, ambientales y regulatorios. En México, la automatización puede modificar una parte relevante del empleo formal, pero la evidencia disponible apunta a una transición gradual, condicionada por la infraestructura, la capacitación y la supervisión humana.

La inteligencia artificial ya está modificando empresas y profesiones, pero su adopción masiva no ocurrirá al ritmo de las expectativas financieras ni de las predicciones más extremas sobre el futuro del trabajo. La falta de infraestructura, la escasez de chips, el consumo de electricidad y agua y la necesidad de mantener decisiones bajo responsabilidad humana frenan su expansión.

El debate importa porque la IA puede aumentar la productividad sin convertirse automáticamente en una sustituta general de las personas. En México, el impacto alcanzará de manera desigual a los sectores: algunas actividades incorporarán herramientas avanzadas, mientras otras apenas modificarán sus procesos. El resultado dependerá menos del entusiasmo tecnológico que de la capacidad de las empresas y los trabajadores para adaptarse.

Automatizar tareas no equivale a eliminar profesiones

Una de las principales advertencias sobre la IA se relaciona con el empleo. Banamex ha estimado que 30% de los empleos formales en México podrían automatizarse, aunque esa cifra se refiere a puestos o tareas expuestos al cambio tecnológico, no necesariamente a despidos inmediatos. La diferencia es relevante: muchas ocupaciones combinan actividades automatizables con labores que requieren criterio, comunicación y responsabilidad.

La experiencia de anteriores transformaciones tecnológicas también aconseja cautela. La expansión de las computadoras no desapareció el trabajo, sino que modificó competencias y procesos. Del mismo modo, la IA puede reducir tareas rutinarias y crear demanda de capacitación, supervisión, análisis y diseño de soluciones, aunque la transición puede generar costos importantes para quienes no tengan acceso a formación.

Los recortes atribuidos a la IA tampoco explican por sí solos las decisiones empresariales. En algunos casos, las compañías habían ampliado sus plantillas durante la pandemia y después ajustaron su tamaño por razones financieras. Presentar cada despido como consecuencia directa de la automatización puede exagerar el efecto actual de la tecnología.

La infraestructura impone límites físicos

Los modelos de IA necesitan centros de datos, chips, redes eléctricas y sistemas de enfriamiento. La Agencia Internacional de Energía calcula que el consumo eléctrico de los centros de datos aumentó 17% en 2025, mientras que el de los centros orientados a IA creció todavía más rápido. La expansión tecnológica, por tanto, depende de inversiones físicas que requieren años, permisos y disponibilidad de energía.

México enfrenta este desafío en regiones como Querétaro, donde crecen los proyectos de centros de datos. La demanda de electricidad y agua ha generado inquietud porque la instalación de nueva capacidad tecnológica compite con otros usos industriales, urbanos y agrícolas. Además, la escasez de chips y la oposición política pueden retrasar proyectos que, en el mercado, ya se presentan como parte de una transformación inminente.

El problema ambiental no invalida la tecnología, pero obliga a medir sus costos. La eficiencia de un sistema de IA debe evaluarse junto con la energía que consume, el agua utilizada para refrigerarlo y la infraestructura necesaria para mantenerlo operativo. Sin esos cálculos, las promesas de productividad pueden ocultar impactos trasladados a comunidades y servicios públicos.

Una adopción desigual y gradual

La IA tendrá efectos profundos en actividades con grandes volúmenes de información y tareas repetitivas, como ciertos servicios financieros, jurídicos, logísticos y administrativos. En cambio, su capacidad para transformar trabajos físicos, negocios pequeños o procesos que dependen de confianza y responsabilidad seguirá siendo más limitada. Una herramienta puede redactar, clasificar o predecir, pero no elimina por sí misma la obligación de responder por un error.

En México, la adopción empresarial todavía muestra rezagos frente a otras economías. Esto puede retrasar los beneficios, pero también significa que existe margen para definir reglas sobre privacidad, capacitación, seguridad y responsabilidad antes de que la tecnología se extienda a mayor escala.

La IA probablemente transformará una parte importante de la economía, pero el proceso será más parecido a una transición acumulativa que a una ruptura instantánea. Su ventaja no estará necesariamente en producir con menos trabajadores, sino en permitir que las personas dediquen más tiempo a resolver problemas, tomar decisiones y desarrollar actividades que las máquinas todavía no pueden asumir de manera confiable.